100 AÑOS DE HISTORIAS
TEXTO DE LA PRESENTACIÓN DEL II CONCIERTO PARTICIPATIVO DE COROS ESCOLARES
Niñas y niños en Siero Musical
Las niñas y los niños han sido actores principales en la historia reciente de la música en Siero. Los niños primero y las niñas…un poco más tarde. Hablamos de hace cien años, que son muchos, tantos tantos que hay muy pocos profesores que sean tan mayores. Cuando se organizó la banda de música de Siero Musical en 1924, muchos de los músicos que tocaban en ella eran poco mayores que vosotros; no había niñas, es verdad, pero los que estaban tenían que estudiar música en la escuela que había fundado esta sociedad si querían tocar el trombón, como Elisa, la flauta como Marina o el clarinete como Carmen, Rodrigo y Víctor, que andan por aquí con nosotros. A pesar de su edad, llegaron a ser con su esfuerzo y el de sus profesores una de las mejores bandas de música de su época.

También los menores son los protagonistas de la historia de los coros en Siero. A partir de 1958, es decir, hace 65 años, Siero Musical organizó una Academia de Música gratuita en la que el director de la Banda de Música, Ángel Émbil y otros músicos de la banda, ofrecían por las tardes clases de solfeo y canto a unos 25 niños y niñas que tenían entre nueve y doce años de edad. Ese mismo año actuaron en un concierto e interpretaron Noche de Luna, un poutpurri de canciones populares gallegas, leonesas, asturianas, bercianas y aragonesas, armonizadas para canto y piano por el Padre agustino Eduardo González Pastrana y editada en León en 1927, ante las principales autoridades musicales de Asturias. Casi nada.

A partir de 1970, Ángel Émbil se convirtió en profesor de música y de canto coral en el colegio público de La Pola. Don Ángel defendía que la enseñanza de la música debería ser obligatoria en todos los centros educativos, para que todas las personas, desde bien pequeñas, tuviesen unos conocimientos musicales, educasen su voz y alguno encontrara su verdadera vocación. No os lo creeréis, pero acabó consiguiendo esto por lo que peleó durante toda su vida. Y por ello tenemos la obligación de celebrar el centenario, para recordar a aquellas personas que trabajaron, desde la cultura, en beneficio de todo un pueblo. Todo un ejemplo y por ello hay una calle de La Pola que lleva su nombre y hay muchas personas que le tienen siempre muy presente.

Cuando impartía clases de música en el colegio a unos cuatrocientos alumnos, tenía más de setenta años, pero era incansable. Por cierto, no penséis que esto era lo habitual en todos los colegios de España, qué va. Lo de tener clase de música fue durante mucho tiempo privilegio de sólo unos pocos, como nosotros. A don Ángel le siguió don Abundio y cuando aquel falleció y este se trasladó a otra región de España a dar clases, nos quedamos sin música en los colegios durante algún tiempo.


Como los niños crecéis (aunque a vuestras abuelas no les haga ninguna gracia), a partir de ese momento había en La Pola un coro infantil y otro juvenil y se recibían clases de música en el colegio y en la Academia de Música de Siero Musical. El coro infantil era mixto y estaba compuesto por unas cuarenta voces que tenían entre 8 y 13 años de edad.


A la altura de 1978, recibían clases de solfeo en sus grados 1º, 2º, 3º y 4º, ochenta y tres alumnos, diariamente en la Casa de la música; ese año, el coro mixto infantil del Colegio Nacional de Pola de Siero interviene en un Torneo nacional de radio escolar, en Radio Nacional de España; fue seleccionado entre 38 coros de todas las provincias españolas para participar en la competición final en el Auditorio del Ministerio de Cultura de Madrid; quedó en tercer lugar. En 1979 la Escuela de Música de Siero Musical contaba con 121 alumnos de solfeo y cinco de piano. A mediados de los años ochenta el Ayuntamiento se hizo cargo de la Academia y Escuela de Música y se organizó el Primer Ciclo Música en la Escuela, con el fin de paliar la inexistencia de enseñanzas musicales en los centros educativos en Siero y para que los alumnos de estos colegios tuvieran su primer contacto con la música dentro de sus aulas.



Y para terminar, en 1989 se organizaron los coros para minis y peques, es decir, para los pequeños cantores de tres a cinco y de seis a ocho años de edad. En esos años ochenta la Escuela de Música se convirtió en municipal.

Este es un breve resumen de qué es lo que nos ha traído hoy aquí. Tenemos escuela de música, clases de música, profesores de música, banda de música y coros porque algunas personas se empeñaron en que así fuera.
No era La Pola la única villa capital de un concejo asturiano en la que se echaba en falta una banda de música y se organizaba el vecindario para conseguir poner en pie una. En Villaviciosa, para la fiesta del Corpus de junio la misa fue cantada por un «afinado coro de señoritas» pero la procesión se vio «deslucida por el agua que indiscretamente vino a estorbar, notándose la falta de esa Banda de Música que con tanto afán esperamos todos los villaviciosinos»
La Voz de Asturias, 3 de junio de 1923, página 4.
En la imagen, procesión en Villaviciosa hacia 1920. Memoria Digital de Asturias.

Una de las principales citas festivas del verano asturiano a principios del siglo XX era la renombrada del Carmen y Carmín de La Pola. A principios de junio de 1923, cuando faltaba poco para que Siero Musical y su Banda de música se convirtieran en una realidad, una comisión de festejos reunida para organizar los actos que iban a tener lugar los días 14, 15 y 16 de julio y formada por Pío Moro Lagar, Vicente Arregui, Sergio Quirós Vallina, Ricardo Peña Cueto, José Díaz Rodríguez, Fermín Vallina Riestra y Juan Villa Menéndez, ofrecen un esbozo de la programación. No podían faltar las bandas de música y sería contratada la del Regimiento del Príncipe, calificada de brillante. Los primeros pasos de Siero Musical están asociados a esta agrupación músico-militar.
La Voz de Asturias, 9 de junio de 1923, página 4.
Pedro Pangua Rivas explica bien en su trabajo sobre L’oficiu de gaiteru que, desde antiguo, gaiteros y tamboriteros eran los animadores de cualquier actividad comunitaria y por ello tenían que estar preparados para hacer música desde primera hora de la mañana hasta que se apagasen las últimas luces. De ahí que en su repertorio estuvieran las alboradas, los pasacalles, los bailes a lo suelto (jotas, muñeiras, giraldillas, fandangos, sones y saltones), a lo agarrao (valses, polkas, mazurcas, danzitas, pasodobles, habaneras, rumbas y pasodobles), la música para la misa y las procesiones, pero también para acompañar a los danzantes o a los cantantes de tonada.
En La Pola al menos desde el siglo XVII y hasta los años veinte del pasado siglo la parroquia contrataba gaiteros y tamborileros para acompañar los actos festivos de las principales celebraciones del calendario litúrgico. Su presencia en las calles siempre fue lo habitual. El paisaje musical durante décadas estuvo formado por ellos, los organilleros y los instrumentistas de las bandas.
En la imagen, año 1962. César Cosido Vigil, de Carbayín Alto (Siero), tocando la gaita junto a un amigo.
Memoria Digital de Asturias.


En los años en que se gesta la organización de una banda de música en Pola de Siero, la presencia de estas agrupaciones en las festividades locales no era muy habitual, habida cuenta de lo que costaba a cualquier comisión de festejos movilizar, pagar y mantener a una veintena de músicos. Sin embargo, no faltaba la música a cargo de gaiteros y tamboriteros y organillos.
La Voz de Asturias, 12 de mayo de 1923, página 3.
En las celebraciones festivas al aire libre y dado que la amplificación eléctrica del sonido tardaría varias décadas en llegar a las calles asturianas, la música en público tenía en las primeras décadas del siglo XX varios protagonistas: el organillo o piano ambulante, la gaita junto al tambor y las bandas de música pero sólo cuando los recursos económicos de los organizadores lo permitían o el acontecimiento tenía carácter político o administrativo. Todos ellos convivían en los momentos de público regocijo.
A lo largo del siglo XIX los avances tecnológicos e industriales permitieron el diseño y la fabricación de diversos instrumentos mecánico-musicales o automáticos.
El popular organillo era un piano de cilindro programado que comenzó a hacerse habitual en las calles españolas a finales del siglo XIX. Eran fabricados en Madrid y Barcelona, pesaban unos cincuenta kilos y podían interpretar las piezas bailables de moda, como se dice en el anuncio que incluimos aquí. En Madrid todavía forman parte del paisaje popular de la ciudad y de sus festejos y en otras ciudades hispanoamericanas como la capital de Méjico todavía animan sus calles y plazas.

En las imagenes vemos un recorte de La Voz de Asturias, 18 de marzo de 1925, página 5 y un organillero de Madrid
Foto de Martín Santos Yubero
Archivo Regional de la Comunidad de Madrid.

Siero Musical cumple 100 años.
Aquí una nota histórica publicada por la Sociedad de Festejos de La Pola en el álbum de fiestas de Huevos Pintos de abril de 2022 sobre el centenario de Siero Musical.

Pocos años después de su fundación, la Banda de Música de Siero Musical actuaba por toda Asturias. Aquí un ejemplo: en las fiestas de Santa Susana, celebradas en el barrio del Fresno de Oviedo (en torno a las calles del Rosal, Pérez de la Sala y Auditorio) animó el programa del domingo 12 de septiembre. Este es el repertorio que interpretó.
En la imagen, Diario Región, Oviedo, domingo 12 de septiembre de 1926, página 5.
Una de las primeras actuaciones de la Banda de Música de Siero Musical tuvo lugar en Infiesto en marzo de 1924, cuando amenizaron la fiesta del árbol de los escolares de Piloña. Estas celebraciones, populares en algunas localidades en el siglo XIX y promovidas por el Estado desde principios del siglo XX, servían para inculcar en la población infantil el aprecio de los árboles y los bosques.
La crónica de Pepe Rubianes, recogida en La Voz de Asturias del 25 de marzo de 1924 la describía así:
Todavía estamos bajo la impresión de la gran fiesta del árbol, que se celebró ayer domingo, en la villa de Infiesto. Nadie creía que en tan pocos días se hubiese hecho tanto. El tiempo apremiaba, a los árboles se les pasaba el tiempo de plantación, un día más era tarde, el árbol tiene su época. El dignísimo delegado gubernativo, lo mismo que la Corporación municipal, deseaba hacer la fiesta del árbol pero no había consignación en los presupuestos para atender a los gastos; ¿cómo subsanar esta apatía de los antiguos concejales? Pues muy sencillo, haciendo una suscripción, que dio un excelente resultado. Cientos de pesetas se pintaron en los dos días y se dieron órdenes para que el domingo estuvieran confeccionadas mil raciones de pan, jamón, chocolate y dulces para 800 niños que se calculaban concurrirían a la fiesta, pero en vez de 800 niños se presentaron 1500. Para todos hubo merienda. Bien la merecieron. Con sus banderas y al frente sus maestros, recorrieron los de algunas parroquias ocho kilómetros. A las tres de la tarde, con un sol de verano, cada maestro con sus niños se fueron situando delante del Ayuntamiento. De dos en fondo, de ocho, de diez, según el número, con sus banderas, con sus árboles, con sus entusiasmos, esperaban los discursos que se habían de pronunciar. Muchos niños leyeron hermosas poseías, otros hicieron honor a sus elocuentes discursos y una angelicales niñas, con una desenvoltura y una despreocupación admirables, explicaron la fiesta del árbol, que llenaría de entusiasmo al mismo don Joaquín Costa. El señor Director de la Graduada, dijo un elocuente discurso, lleno de doctrina escolar y aconsejando a los niños el amor al árbol y el cariño a los pájaros. Por último, el señor Delegado D. Carlos Abad, hizo un resumen de la fiesta, y con elocuentes frases, dio las gracias a los niños, a los maestros y al numeroso público, que con entusiasmo digno de tal fiesta, asistía a la gran fiesta del árbol. La banda de música de Pola de Siero amenizó el acto.
Hacía varios meses que la dictadura del general Primo de Rivera se había hecho cargo de las cosas del país y de ahí las referencias al delegado gubernativo y el recuerdo a los concejales depuestos. A los nuevos gobernantes no les eran ajenas las manifestaciones públicas de masas. La fiesta del árbol, celebrada en marzo de este año en muchas localidades de forma multitudinaria tuvo en todas partes un cierto aire político.
En la imagen, celebracíon de la Fiesta del Árbol en Infiesto.
Foto de A. Durán, publicada en el diario Región el 28 de marzo de 1924.

Sociedad Siero Musical
c/ Alcalde Parrondo, 32 (Escuela de Música)
33510 Pola de Siero
Asturias
✉ sieromusical@gmail.com
✆ +34 670 425 571

